El desastre del Essex

Essex era el nombre de un ballenero. Partió en 1819 hacia las zonas de cacería de ballenas en el Pacífico sur. El viaje debió durar dos años y medio, pero el 20 de noviembre de 1820, mientras se encontraban arponeando a unos cachalotes, uno de estos embistió al barco un par de veces y logró hundirlo. Los tripulantes naufragaron en tres pequeños botes hasta llegar a una isla, la Isla Henderson.

En la isla, los 20 hombres se alimentaron de vegetales, aves y peces. Con suerte encontraron una corriente de agua dulce. Pero a los pocos días se agotaron los recursos de la pequeña isla y se dieron cuenta que no sobrevivirían mucho, así que volvieron a los botes. Solo tres decidieron quedarse en la isla.

Dibujo de uno de los sobrevivientes

Dibujo de uno de los sobrevivientes

La desnutrición les produjo a los marinos distintos efectos negativos en su metabolismo. La comida fue mal administrada y la falta de agua les hizo tener que beber su propia orina. El exceso de sodio, la deficiencia de magnesio y la falta de tabaco los volvía violentos. Uno por uno fueron muriendo. Al inicio los cuerpos eran lanzados al mar, pero luego, la falta de comida les hizo tomar medidas desesperadas y empezaron a comerse a sus camaradas conforme iban muriendo. La situación era cada vez mas crítica. En cierto momento de hambruna hicieron un sorteo para determinar quien sería el siguiente en morir para que los demás puedan comer. El sorteo definió que quien debía morir fuera el joven Owen Coffin. Un segundo sorteo se realizó para determinar quién mataría a Coffin. De esta manera se hizo y los marinos pudieron sobrevivir un tiempo mas. Luego continuaron muriendo otros camaradas que también fueron objeto de canibalismo.

Otro ballenero rescató a los sobrevivientes, quienes ya estaban al borde de la muerte. Habían pasado 95 días desde el hundimiento del Essex. Los marinos informaron que tres de los tripulantes se habían quedado en la isla y mandaron rescatarlos. Estaban vivos, aunque agonizando.

Este suceso fue narrado por uno de los sobrevivientes, Owen Chase, cuyo hijo prestó dicha narración al joven Herman Melville, quien inspirado por esa desastrosa aventura marcada por el terror, la desesperación, el canibalismo y la muerte, escribió la novela clásica Moby-Dick.

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