El fabricante de lluvias

charles_hatfieldCharles Hatfield, fue un hombre que intentaba ganarse la vida bajo el título de “fabricante de lluvias”, a inicios del siglo XX. Hatfield se atribuía un invento al que llamaba el “acelerador de humedad”, una fórmula química que solo él conocía y con la cuál conseguía hacer llover a su voluntad.

Hatfield publicaba sus servicios en los diarios, se autodenominaba “pluvicultor”, y era solicitado con moderada frecuencia ya que en realidad su invento parecía funcionar. En 1904 ganó sus primeros $100 cuando unos agricultores le pidieron hacer llover en sus campos. Hatfield subió a un monte, donde preparó su producto y extrañamente comenzó a llover. No se sabía si era casualidad o si realmente el hombre lograba estimular al clima para provocar la lluvia, pero el caso es que su trabajo era recompensado y cada vez era mas solicitado y mejor pagado.

Un caso curioso se dio en Alaska en 1906, cuando Hatfield cobró $10,000 por hacer llover, pero su famoso “acelerador de humedad” esta vez no dio resultado y no le pagaron dicha suma. Al poco tiempo se rumoreó en la zona que una tribu india cercana al lugar había saboteado su experimento para realizar ellos su propio ritual a un menor precio.

Hatfield logró una modesta celebridad, y aunque sus casos de éxito siempre eran cuestionables debido a su secretismo sobre la fórmula que usaba, siempre le consideraron una alternativa en casos de sequía. El suceso mas notable de su carrera se dio en San Diego, ciudad que estaba siendo azotada por una fuerte sequía. Los ciudadanos hicieron una colecta para juntar los $10,000 que pedía Hatfield. Cuando finalmente contaron con el presupuesto, aunque no tenían gran apoyo de las autoridades, instalaron en una antena el “acelerador de humedad” de Hatfield para que su químico esté lo mas alto posible. Luego, todos esperaron atentos a que lloviera. Increíblemente empezó a llover, pero lo que al inicio fue motivo de alegría para todos, se convirtió en una pesadilla, pues llovió tan fuerte que la ciudad entera se inundó. Llovió sin parar durante días y los ríos se desbordaron, los campos se inundaron, lo puentes se destrozaron y varias represas cedieron ante la fuerza del agua, provocando muertes y cuantiosos daños materiales.

A pesar de todo el desastre Hatfield intentó cobrar la suma pactada, las autoridades molestas le dijeron que en su lugar debería pagar los daños millonarios que había causado. Hatfield se negó, pues alegaba que su trabajo era hacer llover y si la ciudad no estaba lista para dicha lluvia no era su culpa. El caso llegó a juicios, y el tribunal cerró el caso de cierta forma que Hatfield no sea culpable del caos provocado por la lluvia, pero que tampoco se saliera con la suya cobrando recompensa en medio de la desgracia de la gente. Declararon que la lluvia era “un acto de Dios“, por lo que Hatfield no era responsable del desastre y tampoco recibiría recompensa alguna.

Durante años Hatfield luchó por cobrar sus $10,000 pero nunca lo consiguió. Su mezcla secreta de 23 químicos nunca fue publicada y se llevó el secreto a la tumba en 1958.

Otras historias...