El volcán de los suicidios

Las milenarias tradiciones japonesas, bastantes estrictas y dominadas por la alta disciplina y el castigo a la desobediencia, convirtieron a través del tiempo al suicidio en un acto digno, elevado, y a veces artístico. Quitarse la vida por amor quizás no es algo que impacte mucho en nuestros días, al igual que quitarse la vida a causa de la homofobia. Pero vamos por un instante a 1933, a un Japón donde la homosexualidad era un tabú y era severamente castigada. Para muchas personas la única forma de recuperar la honra era cometiendo este singular viaje sin retorno.

Kiyoko Matsumoto, fue una joven estudiante quien se halló enamorada de su amiga, Tomita Masako. Kiyoko tenía 21 años y no soportaba la presión de no poder manifestar sus sentimientos abiertamente por las represalias sociales que habían contra cualquier sentimiento o acto homosexual. Ella se volvió inestable y decidió decirle a su amiga en una carta:

Querida, estoy desconcertada por las perplejidades de la maduración femenina. No soporto mas esta tensión. ¿Qué puedo hacer? Desearía saltar dentro de un volcán.

Tomita se conmovió por sus palabras, y tal gesto le hizo proponer a Kiyoko realizar su deseo. Decidieron viajar entonces al monte Mihara, situado en una isla. El volcán era activo por esos años. Una vez en el borde de éste y luego de una dolorosa despedida, Kiyoko saltó hacia su muerte. Tomita contempló y se marchó.

Imagen del artista mexicano Benjamín Juárez

Imagen del artista mexicano Benjamín Juárez

El suicidio no es “ilegal” bajo la ley japonesa. De vuelta en Tokio, Tomita contó a sus amistades lo sucedido y mandó la carta a un periódico donde la historia apenas empezaría.

La carta fue publicada y tanto Kiyoko como el volcán se hicieron célebres, y éste se convirtió en un lugar favorito para muchas personas y parejas suicidas. Sólo ese año se registraron casi mil suicidios más por imitación. La actividad suicida fue tan intensa que una compañía de buques abrió una línea que viajaba diariamente a la isla. La gente que no iba con el propósito de saltar, iba por el morbo de ver saltar a otros.

Poco hicieron las autoridades para evitar la ola de suicidios, y tuvieron que pasar muchos años para que se impongan ciertas medidas, entre las cuáles una era la prohibición de comprar un boleto solo de ida hacia la isla.

Según la revista Times, en un artículo de 1935, Tomita Masako murió poco después que Kiyoko aunque no explica en qué circunstancias.

Otras historias...