Quemarse a lo bonzo

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La inmolación es el acto ritual de ofrendar una vida en honor de la divinidad. Esta práctica ha tenido muchos usos, principalmente religiosos y políticos. Desde los años 60 se empezó a dar como forma de suicidio por motivos de protesta. Quemarse a lo bonzo es una forma de inmolación en el que una persona se rocía un liquido inflamable y se prende fuego en público como forma de protesta o desobediencia civil. La expresión tiene su origen en la ola de suicidios de monjes budistas que estuvieron relacionados a la guerra de Vietnam y la invasión de Checoslovaquia.

Como forma de protesta política, esta práctica nace en los años 60. El caso emblemático de esta práctica, que daría inicio desde entonces a múltiples réplicas en todo el mundo, fue el de Thich Quang Duc, un monje budista que el 11 de junio de 1963 decidió protestar contra la persecución de los budistas por parte del gobierno tiránico de Ngo Dinh Diem, presidente de la República de Vietnam del Sur.

Thich Quang Duc, avisó que ocurriría algo importante frente a la embajada de Camboya en Saigón. Nadie tomó en serio su aviso. Entonces el monje de 70 años llegó a una concurrida calle en coche, unos 300 monjes lo seguían con pancartas que reclamaban igualdad religiosa. Entonces salió del coche, y se sentó sobre una almohada en el suelo mientras otro monje lo roció con gasolina. Duc pronunció “Homenaje a Buda” y se prendió fuego.

Duc no se movió ni dijo absolutamente nada mientras ardió unos 10 minutos frente a la multitud que contemplaba en silencio. El suicidio es una violación suprema a la doctrina budista, por lo que adquiere el nivel de sacrificio supremo cuando lo lleva a cabo un creyente budista.

Las fotografías del suceso dieron la vuelta al mundo. Decenas de monjes repitieron la acción de este primer mártir. Ese mismo año Diem fue derrocado. Desde entonces, el suicidio de Duc ha inspirado cientos de réplicas al rededor del mundo por distintos motivos.

“Iba a ver la escena de nuevo, pero una vez fue suficiente. Las llamas venían de un ser humano; su cuerpo se marchitaba y secaba lentamente, su cabeza se ennegrecía y carbonizaba… Mientras se quemaba no movió ni un músculo, no pronunció ni un sonido, su compostura contrastaba con los lamentos de las personas a su alrededor”
David Halberstam, el fotógrafo

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